Desde PROSVIDA pedimos una mayor inversión en ciencia, que junto al acceso equitativo a los cribados poblacionales, serán las llaves para que, en los próximos años, el cáncer deje de ser una enfermedad letal para convertirse, en muchos casos, en una condición crónica o totalmente superable.
El precio de los muertos y el valor de la vida
Entre 2018 y 2021, una media de 18 a 22 personas falleció anualmente en España por atropellos tras bajar de su vehículo para colocar los triángulos de emergencia en vías rápidas; una cifra que ascendió a 58 víctimas en años posteriores, sumando entre 300 y 350 fallecidos desde 2018. Esta “alta siniestralidad” llevó a la Dirección General de Tráfico (DGT) a eliminar la obligatoriedad de los triángulos y promover la señal V16 para evitar que los conductores caminen por la calzada.
Al
margen del coste de las campañas de información, esta transición está
suponiendo un coste para los españoles superior a los mil millones de euros.
Simplificando el análisis, la inversión realizada para prevenir estas muertes
ronda los tres millones de euros por cada fallecido. De ser efectiva
esta medida y lograrse el objetivo de "cero atropellos" gracias a las
balizas, el ahorro estimado en los próximos ocho años se situaría en torno a
los 700 millones de euros.
Por
otro lado, desde 2018, la mortalidad por cáncer en España ha mantenido
una tendencia ascendente, superando las 115.000 muertes anuales según la
Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y el Instituto Nacional de
Estadística (INE). Los tumores de pulmón, colon, mama y próstata figuran entre
los más letales, acumulando cerca de un millón de fallecimientos desde 2018.
En este mismo periodo, el Gobierno ha destinado unos 994 millones de
euros a investigación e innovación contra el cáncer. Esto supone una
inversión media de apenas un euro por cada persona fallecida en ese
intervalo de ocho años.
Si
consideramos que el impacto económico del cáncer en España supera los 19.300
millones de euros anuales (un 1,6% del PIB) —sumando gastos sanitarios,
pérdida de productividad y costes familiares—, el impacto total desde 2018
asciende a unos 154.400 millones de euros.
Estas
cifras son sobrecogedoras: cada día mueren en España por cáncer tantas personas
como las que han fallecido atropelladas en los últimos ocho años por colocar
los triángulos de emergencia (unas 300-350 personas diarias frente a las 350
acumuladas en casi una década).
En España, se estima que actualmente hay más de 2 millones de supervivientes de cáncer. Esta cifra refleja una tendencia positiva gracias a los avances en detección precoz y tratamientos personalizados, que permite pensar que la supervivencia media continúe aumentando en 2026. A pesar del aumento en la supervivencia, la incidencia de la enfermedad no se detiene. Con una previsión de 296.103 nuevos diagnósticos registrados en 2025 y cifras similares estimadas para este 2026.
Las
organizaciones líderes en el sector, como la Sociedad Española de Oncología
Médica (SEOM), mantienen la mirada puesta en el futuro. El objetivo estratégico
es claro: implementar las mejoras necesarias en investigación y asistencia para
lograr que, en el año 2030, la tasa de supervivencia global alcance el 70%.
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