En el área sanitaria hay más de 1.800 personas registradas como alérgicas a estos fármacos y una gran parte nunca se han sometido a pruebas de alergia; en caso de urgencia o ingreso hospitalario no se les administra ese antibiótico y se recurre a otro que quizá no es tan efectivo o tiene más efectos secundarios. Jesús Borja, jefe de Servicio de Alergología, señala que sólo un 15% de los pacientes con etiquetas de alergia a antibióticos betalactámicos lo son realmente tras completar el estudio alergológico.
El hospital de Ciudad Real impulsa un proyecto para revisar más de mil ochocientas etiquetas de alergia a antibióticos betalactámicos
El Servicio de Alergología del Hospital General Universitario de Ciudad Real ha puesto en marcha un proyecto para contactar con las más de mil ochocientas personas del área sanitaria de la capital que están etiquetadas como alérgicas a los antibióticos betalactámicos con el fin de ofrecerles realizar un estudio alergológico que determine si su consideración de alérgicos es cierta o deben desetiquetarse.
Según Jesús Borja, jefe del Servicio de Alergología,
“son pacientes que están catalogados como alérgicos pero que en su gran mayoría
no lo son, han tenido una reacción con algún medicamento y se ha
incluido una alerta en su historial pero nunca se ha estudiado. El porcentaje
de falsas
etiquetas es de más del 80%, es decir que la mayor parte de alertas
por alergia a los antibióticos betalactámicos no son tales”.
Los problemas surgen en caso de urgencia o de un
ingreso hospitalario por una infección grave, ya que los betalactámicos
–penicilinas, cefalosporinas, carbapenémicos, y monobactámicos- son la familia
más amplia y utilizada de antimicrobianos bactericidas: “los facultativos se
encuentran con que no pueden recurrir a estos fármacos y han de administrar
otro que a lo mejor no es tan efectivo o tiene más efectos secundarios”.
De ahí, prosigue Borja, que “hayamos decidido ser
proactivos y, en vez de esperar a que alguien nos derive estos pacientes vamos
a ir a buscarlos y ofrecerles la posibilidad de hacerles las pruebas y
clasificarlos correctamente comprobando si realmente son alérgicos, que no
aparezcan en las alertas como alérgicos porque han contado que un día les
pareció que un fármaco les sentó mal”.
Desde Alergología están empezando a llamar a los pacientes para ofertarles hacerse pruebas y ver si son realmente alérgicos a los betalactámicos: “algunos nos dirán que no, porque no lo aprecian como algo relevante en ese momento o no disponen de tiempo…, pero esperamos que otros muchos atiendan nuestra llamada”.
El proyecto, que fue seleccionado por la Gerencia
para participar en el concurso I+DEAR convocado por el IDISCAM, incluye también la
apertura de un buzón de desetiquetado “para que todos los especialistas del
hospital nos deriven a los pacientes que les dicen ser alérgicos a la
penicilina o derivados durante sus ingresos o consultas externas”.
Se trata, aclara el jefe del Servicio de Alergología
del HGUCR, de “adelantarnos a lo que puede pasar en caso de urgencia, cuando
nos hacen una interconsulta de un paciente que hace varias décadas fue
etiquetado como alérgico que tiene una neumonía y el mejor tratamiento serían
los betalactámicos. Es un caso que hay que atender deprisa, a través de interconsulta
urgente, que se podría haber resuelto con antelación con un estudio
alergológico reglado”.
La estadística demuestra que la tasa de alérgicos a
los antibióticos es reducida: “sólo en
un 15% de los pacientes que estudiamos por una sospecha de alergia a
betalactámicos se confirma el diagnóstico de alérgico. Ante una falsa etiqueta se están perdiendo el fármaco más efectivo
para su proceso, el que menos reacciones les va a provocar y, también, el más
barato para el sistema de salud”, concluye Jesús Borja.
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