En un país donde más de medio millón de niños y niñas viven en zonas inundables y 6,4 millones en áreas donde se duplicaron las olas de calor extremo, UNICEF España reclama medidas urgentes para tener siempre en cuenta a la infancia en las emergencias
UNICEF España alerta de que no puede repetirse otra DANA, mientras aumenta la cifra de niños y niñas que sufren eventos climáticos
MADRID, 25 de marzo de 2026-Las emergencias climáticas han dejado de ser hechos excepcionales en España para convertirse en una realidad constante que afecta especialmente a niños, niñas y adolescentes. Aunque nuestro país sufre 30 días más de calor extremo al año[1] y 554.000 niños y niñas viven en zonas inundables[2], la infancia sigue invisibilizada y no aparece de forma expresa en los planes de gestión del riesgo. Por ello, UNICEF España ha elaborado el informe Contar con la infancia es una emergencia, en el que analiza los mecanismos actuales y hace un llamamiento a las Administraciones públicas para que integren a los niños, niñas y adolescentes en todas las fases de una emergencia: prevención, preparación, respuesta y reconstrucción.
“La DANA de 2024 o los incendios de 2025 dejaron en evidencia que la prevención, protección y respuesta ante emergencias en nuestro país está fallando a la infancia. Esto no puede volver a ocurrir. Los sistemas de gestiónno tienen en cuenta a la infancia y la adolescencia ni en la normativa ni en la práctica. No hay protocolos específicos y el entorno escolar no está preparado”, ha asegurado José María Vera, director ejecutivo de UNICEF España.
Los datos reflejan la magnitud del problema: 6,4 millones de niños y niñas viven en áreas donde se han duplicado las olas de calor en las últimas décadas y 3,3 millones en zonas donde se han triplicado, según estimaciones de UNICEF. El 80% de niños y niñas en España sufren al menos un fenómeno climático extremo al año[3] (como sequías, olas de calor e inundaciones), y el calentamiento global ha duplicado la probabilidad de que ocurran catástrofes como la DANA[4], cuando 48.000 alumnos y alumnas estuvieron semanas sin ir a clase.
Más allá del impacto físico, las consecuencias emocionales también son profundas. Cuando se dan situaciones como estas, hay que “actuar rápida y eficazmente, porque los niños y niñas queremos volver a la normalidad en la medida de lo posible: volver a jugar, ir al colegio, etc. Y, mientras no sea posible, pedimos que nos ofrezcan actividades para distraernos y no atormentarnos con lo sucedido”, ha explicado Eva (14 años, Fuenlabrada), miembro de Paivoz (Grupo Asesor de Infancia y Adolescencia de UNICEF España). Niños, niñas y adolescentes han contribuido al documento y han pedido formar parte de la gestión de las emergencias y ser escuchados, además de prestar más atención a la infancia con discapacidad. “Los sistemas de emergencia no están preparados para responder de forma inclusiva y accesible. No existe una única solución para todas las personas con discapacidad, ya que cada persona es diferente. Pero nuestros derechos no deben detenerse durante una emergencia”, ha asegurado Ailin (17 años, Puerto del Rosario), también miembro de Paivoz.
Cambios urgentes en la gestión de emergencias
Contar con la infancia es una emergencia propone recomendaciones urgentes para corregir la situación. Entre las medidas, UNICEF España propone que Protección Civil asegure que la infancia está presente en todas las fases de la emergencia, desde la prevención y preparación, hasta la respuesta y recuperación, y que la gestión de emergencias implique también a los sectores de educación, infancia, servicios sociales, salud, vivienda y urbanismo. La organización hace hincapié en que la participación infantil sea real en todas las fases y ligada a decisiones operativas, y que la salud mental sea un pilar estructural en todo momento.
Además, el informe propone medidas más concretas como garantizar refugios temporales seguros y espacios de juego, actividades educativas o apoyo psicosocial. Las propuestas abarcan todas las fases de una emergencia. En la prevención, se pide el establecimiento de un sistema de análisis de riesgos con enfoque de infancia y adolescencia que, por ejemplo, localice centros educativos y otras infraestructuras clave. En la preparación, las comunidades autónomas y ayuntamientos deben integrar al sistema educativo en los planes territoriales y municipales de emergencia, con protocolos específicos por centro: rutas seguras, puntos de encuentro, reunificación familiar, comunicación por edades y apoyos emocionales.
En la fase de respuesta, UNICEF España reclama la aprobación de un protocolo estatal específico de atención a niños, niñas y adolescentes en situaciones de emergencia, que constituya un marco común vinculante y que adapte las alertas tempranas al lenguaje y canales de la infancia. En esta fase, también hay que establecer mecanismos para mantener la continuidad educativa. Y finalmente, en los trabajos de recuperación se debe priorizar la reconstrucción de entornos infantiles protectores, como parques, espacios deportivos, actividades extraescolares y redes comunitarias. “Además, incorporar el enfoque de infancia a la planificación urbanística y los planes de protección civil de riesgos climáticos evitaría, entre otras cosas, reconstruir escuelas, viviendas e infraestructuras infantiles en zonas de alto riesgo”, explica Vera. “El sistema de emergencias en España no puede seguir ignorando a la infancia. Estas propuestas son cruciales para que no veamos situaciones como la DANA de Valencia”, concluye.
Spanish